Queso Feta: El tesoro blanco del Mediterráneo – sabor y usos
Descripción
El queso feta es uno de los quesos blandos mediterráneos más célebres y apreciados, caracterizado por su color blanco distintivo, textura ligeramente quebradiza y sabor salado. Originario de Grecia, se elabora tradicionalmente con leche de oveja o cabra, aunque hoy en día existen versiones con leche de vaca.
El queso feta madura en salmuera, lo que contribuye a su larga conservación y a su sabor singular. Su textura es a la vez cremosa y desmenuzable, haciéndolo perfecto para usar en cubos, desmigado o incluso en lonchas. Es un pilar de la cocina griega tradicional, pero se emplea mundialmente en recetas creativas.
Usos culinarios del queso feta
- En ensalada griega: con pepino, tomate y aceitunas.
- Horneado: en masa filo, por ejemplo, en la spanakopita.
- Desmigado: sobre verduras asadas, pastas o risottos.
- En cubos: para tablas de aperitivos o sándwiches.
La versatilidad del queso feta facilita su uso: combina tanto con platos dulces como salados. Armoniza bien con miel, nueces, sandía o berenjena asada. Al hornearse no se derrite completamente, lo que resulta muy práctico para platos calientes.
Contenido nutricional y efectos en la salud
El feta es un lácteo rico en proteínas, abundante en calcio, fósforo y vitaminas del grupo B —especialmente B12 y riboflavina. No obstante, posee un alto contenido de sodio debido a la salmuera, por lo que se recomienda moderación a personas sensibles a la sal.
100 gramos de queso feta aportan unas 265 kcal, siendo un ingrediente de densidad energética media. Su bajo contenido en carbohidratos lo hace apto para dietas bajas en carbos o keto. El contenido graso depende del tipo de leche: las versiones de leche de oveja son más grasas, mientras que las versiones light son adecuadas para dietas.
Ya sea para preparar auténticos platos mediterráneos o para dar un toque extra de sabor a tu día a día, el queso feta es una elección excelente: con carácter, pero versátil.